Después de leer el libro de mitos, y de ponerle rollo a la cámara, y de verificar que la navaja estuviese afilada, me puse la armadura de caucho negro las absurdas patas de rana la máscara solemne e incómoda. Tengo que hacer todo esto, no como Cousteau con su tripulación en su barquito bañado de sol, sino acá sola. Hay una escalera. La escalera siempre está ahí, cuelga inocente a un costado del barco. Quienes la usamos sabemos para qué sirve. Fuera de eso, es un pedazo de hilo dental marítimo, o alguna especie de equipo. Bajo. Escalón por e scalón y aún así el oxígeno me sumerge la luz azul los átomos nítidos de nuestro aire humano. Bajo. Las patas de rana me molestan, me arrastro como un insecto por la escalera y no hay nadie que me diga donde empieza el mar. Al principio el aire es azul y después es más azul y después verde y después negro yo veo todo negro pero mi máscara es potente me llena de poder la sangre el mar es otra cosa el mar no es cuestión d...